SENTIDO DE LA RESPONSABILIDAD
Muy buenas. Ya tocaba, verdad? Es difícil mantener vivo un blog. No me gusta aburrir ni dármelas de nada, así que mientras no tenga nada interesante que expresar pues el blog se quedará en blanco. De todas formas siempre se puede interactuar conmigo a través del correo electrónico, messenger o el facebook.
El tema esta vez viene como anillo al dedo, vistos los últimos acontecimientos en nuestro país. Me refiero al sentido de la responsabilidad. Vaya temazo! Alguno podría pensar: “a éste se la ido la pinza…” Para nada. En los tiempos que corren es imperioso debatir sobre ello. Para empezar definamos el sintagma. Si nos vamos al Diccionario de la R.A.E. el sentido se define, primeramente, como cada una de las facultades que tienen el hombre y los animales para percibir las impresiones del mundo exterior. Aquí nos referimos a los cinco sentidos, como es el sentido del tacto. Otra acepción es la capacidad para apreciar alguna cosa, como el sentido del ritmo. O la asimilación a la conciencia, a la percepción del mundo exterior: perder el sentido. También puede aludir al entendimiento, a la inteligencia: hablar sin sentido. O a la finalidad o razón de ser de una cosa: su conducta carecía de sentido. Incluso puede referirse al significado, a cada una de las acepciones de las palabras: sentido figurado, recto. Es además, el modo particular de entender una cosa, el juicio que se hace sobre ella: cada uno tiene un sentido propio de la amistad. Y puede, por último, referirse a cada una de las interpretaciones que puede admitir un escrito o comentario: sus palabras tienen un doble sentido.
Por dejarlo más o menos claro, el sentido al que yo me quiero referir es una mezcla de tres de las acepciones anteriores. Para hacer volver a todos releer, se trata de amalgamar el cuarto, quinto y séptimo de los significados anteriores. Parece un poco complicado, pero solo hay que dedicarle un tiempo de reflexión.
Segunda parte: la responsabilidad. Ésta, según el diccionario puede tener tres “sentidos”. Uno, el cumplimiento de las obligaciones o el cuidado al hacer o decidir algo: no me fío de él, no demuestra responsabilidad alguna en sus actos. Dos, el hecho de estar al cargo de alguna persona o cosa: el cuidado de los hijos es responsabilidad de sus padres. Tercera, la obligación de responder ante ciertos actos o errores: el accidente fue responsabilidad del conductor que iba hablando por el móvil.
Para la confección de mi argumentación yo diría que en este caso he de quedarme con algo así como una combinación de las tres acepciones puesto que en este post quiero hablar de cumplimiento de obligaciones y de responder ante las acciones u omisiones de éstas, sobre todo por parte de quien ostenta un cargo público.
A por ello. La cuestión es que creo firmemente en que lo primero que se debe inculcar a cualquiera, desde su más tierna infancia, es el sentido de la responsabilidad. Creo con toda sinceridad que por ahí es por donde hay que empezar y cuanto antes mejor. Sin este sentido, difícilmente podremos hablarles a los niños de valores y de principios. ¿Por qué? Pues porque creo que el sentido de la responsabilidad se debe inculcar dando ejemplo y es de los más fáciles de inculcar, siempre que se tenga claro. Así se aprende mejor y más rápidamente.
Sólo si alguien goza de tener este sentido puede entender y valorar convenientemente la libertad, la solidaridad o la democracia, por ejemplo. Sólo con un sentido de la responsabilidad adquirido podemos después enseñar a los niños a discernir entre el bien y el mal, a que entiendan qué es el respeto, la autoridad, dónde están los límites, o por qué hay que esforzarse y trabajar para conseguir algo como un título académico. Por ello, en mi opinión muchos de los grandes males de nuestra sociedad actual se deben a la carencia de este sentido, motivada por una mala educación o la inexistencia de ésta. Para mí, el relativismo imperante es sobre todo, carencia de sentido de la responsabilidad y por ende excesiva dependencia de los demás o de “mamá administración” que está para solucionarlo todo.
Hay que ser muy responsable para ejercer cualquier profesión, sobre todo de carácter público y tener este sentido altamente valorado. No caben las medias tintas ni la pusilanimidad. Tampoco es conveniente el exceso de celo, pero siempre es mucho mejor creo yo pecar por exceso que por defecto. Mayor sentido de la responsabilidad no tiene por qué implicar mayor eficacia, pero seguro que sin él, no se puede ser eficaz, si lo que se pretende es hacer el bien. Claro, si uno quiere ejercitar el mal, como robar un banco, se puede ser eficaz y al mismo tiempo se es un completo irresponsable.
Y hay que tenerlo para casi todo, no sólo profesionalmente sino en la vida diaria como padres, hermanos, hijos o vecinos, como ciudadanos que convivimos con otros ciudadanos. Hasta para votar en conciencia hay que tener sentido de la responsabilidad, yo diría. Lo contrario sería un voto manejado, dirigido y manipulado. Se podría llegar a considerar hasta irresponsable el optar por una opción política que se ha demostrado ineficiente y desgastada con los años. Es decir, no es más responsable el que vota ideológicamente que el vota en función del desempeño realizado por los gobernantes, en las circunstancias de desgaste que menciono. Es más, me atrevería a decir que el súmmum de la responsabilidad colectiva sería ponerse de acuerdo para hacer de la alternancia ideológica y/o de personas una obligación moral, después de un período de tiempo prudencial que podríamos establecer en 8 años.
La última conclusión es que en mi opinión cuanto mejor educada esté una sociedad mayor sentido de la responsabilidad tendrá individual y colectivamente.
Hay quien parece empeñarse en que la sociedad sea cada vez menos responsable y de esa manera será cada vez más manejable, puesto que juegan con la relajación del individuo y los colectivos que tienden a pensar que otros tienen que asumir la responsabilidad de uno y dárselo casi todo hecho.
Por ello creo que la Administración debe limitarse a lo que tiene que limitarse: la gestión de la cosa pública sin tocar las libertades individuales que las sociedades nos ganamos con sangre, sudor y lágrimas hace ya mucho tiempo.
Creo que los cargos públicos que no saben asumir su responsabilidad para con los ciudadanos no merecen su confianza. Asumir la responsabilidad por parte de un cargo público también supone saber marcharse a tiempo, sobre todo si se ha hecho mal e incluso sin tener por qué esperar a nuevas elecciones.
Y creo que los partidos políticos no pueden cometer la irresponsabilidad de amparar a los irresponsables en su seno, sobre todo a sabiendas de que son unos irresponsables.
Por todo ello, creo por último que los padres en el entorno familiar somos los máximos responsables de que nuestros hijos adquieran cuanto antes ese sentido de la responsabilidad que constituye el auténtico cimiento para que una sociedad pueda prosperar y competir en este mundo global.
Seamos pues responsables, cada uno en lo que le toque.